LA TORMENTA PERFECTA EN LOS RIELES.Adamuz,cuando la fisica dicto la sentencia

WordPress (título: "LA TORMENTA PERFECTA EN LOS RIELES: Adamuz, cuando la física dictó sentencia" LA TORMENTA PERFECTA EN LOS RIELES: Adamuz, cuando la física dictó sentencia “LA TORMENTA PERFECTA EN LOS RIELES” Una combinación letal de mantenimiento descuidado, alertas ignoradas y vibraciones acumuladas que nadie quiso oír... hasta que la física dictó sentencia.En el ferrocarril español de 2026 se gestó una tormenta perfecta: grandes inversiones en alta velocidad y trenes más pesados sobre vías antiguas fatigadas, vibraciones denunciadas por pasajeros y maquinistas desde hace meses. Como denuncia el sindicato Semaf, mientras se remodelan líneas nuevas, el mantenimiento se resiente... y las vibraciones eran el aviso previo. Era tu coche que avisaba con su baile que tu rueda delantera estaba lesionada: el tren "rebotaba", vibraba anormalmente, pero el sistema priorizó expansión sobre conservación.Adamuz no fue un accidente aislado. Fue el clímax de esa tormenta. ADAMUZ — CUANDO LA FÍSICA DICTÓ SENTENCIA Las leyes que gobernaron Adamuz son las mismas que gobiernan cualquier accidente humano. La inercia dicta que todo lo que se mueve a 200 km/h quiere seguir moviéndose así para siempre. La gravedad convierte una bajada en velocidad extra. La fricción, cuando desaparece, convierte cualquier superficie en un abismo. La energía cinética multiplica la destrucción con cada kilómetro por hora añadido. No hay voluntad que pueda detener eso. No hay reflejo humano capaz de revertirlo. Las vibraciones que miles de pasajeros y maquinistas denunciaron durante meses no eran un capricho. Eran el grito prematuro de una vía al borde del colapso: ciclos de fatiga, soldaduras debilitadas, muescas acumuladas. Testimonios de "cómo rebotaba el tren" circulaban en redes y quejas internas mucho antes del 18 de enero de 2026. Semaf alertó en agosto 2025 de inestabilidades de rodadura y vibraciones recurrentes, pidiendo reducir velocidades en tramos críticos. La física ya estaba escribiendo el final. En Adamuz, no se puede hablar solo de culpa humana. La vía se rompió, la electricidad cayó, los frenos desaparecieron, la pendiente empujó, el balasto se licuó, el acero estalló. El resto fue la consecuencia natural de un sistema en modo de indefenso total.La emboscada que llevaba meses gestándose.... Todo comenzó a las 19:43 del 18 de enero de 2026. El Iryo no fue un agresor: fue un participante mudo atrapado en una emboscada gestada durante meses, con alertas de vibraciones "anormales" ignoradas. La fatiga del metal, ciclos de calentamiento/enfriamiento y una soldadura debilitada prepararon el escenario. El informe preliminar de la CIAF confirma muescas en las ruedas derechas de varios coches del Iryo, compatibles con una fractura previa en el carril (posible rotura de soldadura o fatiga acumulada). Cuando el tren se enganchó con el riel fracturado, el pantógrafo cayó, la electricidad se extinguió y el tiempo se congeló. Para el control en Atocha: “No hay trenes en el sector”. Pero el cataclismo ya había empezado. El instante de la fractura y el choque...Mientras el Iryo quedaba inmóvil (vagones 6, 7 y 8 invadiendo la vía contraria), el Alvia descendía como un proyectil. Sin electricidad, perdió frenos dinámicos y magnéticos. El maquinista, en oscuridad y sin comunicación, pilotaba un cohete ciego. El choque tangencial generó una onda violenta que expulsó el bogie del vagón 8 como un tapón de champagne gigante: voló más de 275 metros hacia un arroyo en un barranco empinado. No fue desprendimiento: fue eyección pura.El Alvia siguió triturando laterales. La energía se transformó en deformación y torsión.La indefensión en caída libre Al tocar el balasto, ocurrió lo que todos conocemos: el resbalón en la ducha. No hay fricción, el suelo desaparece como agua jabonosa. El tren surfió sobre granito triturado. La pendiente y el peralte (diseñado para guiar) actuaron como rampa de lanzamiento. 700 metros más abajo, la inercia chocó contra el talud: trompa incrustada, acordeón mortal, latigazo que salvó vidas al final.La verdad que emerge de la oscuridad En Atocha: "verdad negativa" durante más de una hora. Un maquinista de otro tren (o un pasajero) avanzó a pie y rompió la ilusión: “Hay un segundo tren involucrado”. La realidad surgió de la oscuridad, no del sistema. Conclusión Adamuz es la física íntima en acción: parto en canal estrecho, resbalón en ducha, camión sin frenos en pendiente. Universal e inexorable. El ser humano dejó de pilotar y pasó a ser testigo. Pero las vibraciones previas —como el baile de tu coche cuando la rueda delantera está lesionada— nos recuerdan: escucharlas a tiempo podría haber cambiado el guion.La física no perdona, pero la vida insiste... y la memoria colectiva también. ¿Sentiste vibraciones en ese tramo antes del accidente? Comparte tu testimonio en comentarios o envíamelo a mullergonzalo@gmail.com. @mullerggonzalo Juntos recopilemos voces para que no se olvide.Disclaimer: Reconstrucción narrativa basada en datos preliminares públicos (informe CIAF enero 2026: fractura previa, muescas ruedas; Semaf alertas vibraciones; medios como RTVE, EL PAÍS, La Razón, El Debate, Excelsior y redes). No sustituye la investigación oficial en curso. Fecha: 26 de enero de 2026.

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Autor: Gonzalo Müller Corredor “”LA TORMENTA PERFECTA EN LOS RIELES” “ADAMUZ,CUANDO LA FÍSICA DICTÓ SENTENCIA” Una combinación letal de mantenimiento descuidado, alertas ignoradas y vibraciones acumuladas que nadie quiso oír... hasta que la física dictó sentencia. "En el ferrocarril español de 2026, se gestó una tormenta perfecta: grandes inversiones en alta velocidad,trenes con mayor peso sobre vías antiguas fatigadas, vibraciones denunciadas por pasajeros y maquinistas desde hace meses, .". ERA TU COCHE QUE AVISABA CON SU BAILE QUE TU TREN DELANTERO ESTABA LESIONADO... "Como denuncian sindicatos como Semaf, mientras se remodelan líneas nuevas, el mantenimiento se resiente... y las vibraciones eran el aviso previo."Ante un sistema que priorizó expansión sobre conservación.."Adamuz no fue un accidente aislado. Fue el clímax de esa tormenta. ADAMUZ — CUANDO LA FÍSICA DICTÓ SENTENCIA Las leyes que gobernaron Adamuz son las mismas que gobiernan cualquier accidente humano. La inercia dicta que todo lo que se mueve a 200 km/h quiere seguir moviéndose así para siempre. La gravedad convierte una bajada en velocidad extra. La fricción, cuando desaparece, convierte cualquier superficie en un abismo. La energía cinética multiplica la destrucción con cada kilómetro por hora añadido. No hay voluntad que pueda detener eso. No hay reflejo humano capaz de revertirlo. Las vibraciones que miles de pasajeros denunciaron durante meses no eran un capricho del tren. Eran el grito prematuro de una vía al borde del colapso: ciclos de fatiga, soldaduras debilitadas, muescas acumuladas. Testimonios de "cómo rebotaba el tren" circulaban en redes y quejas internas mucho antes del 18 de enero de 2026. La física ya estaba escribiendo el final.Por eso, cuando se analiza Adamuz, no se puede hablar solo de culpa humana. La física ya había escrito el final antes de que nadie pudiera reaccionar. La vía se rompió, la electricidad cayó, los frenos desaparecieron, la pendiente empujó, el balasto se licuó, el acero estalló. El resto fue la consecuencia natural de un sistema que entró en modo de indefensión total. La emboscada que llevaba meses gestándose. Todo comenzó a las 19:43 del 18 de enero de 2026. El Iryo no fue un agresor: fue un participante mudo atrapado en una emboscada que llevaba meses gestándose, con alertas de vibraciones "anormales" ignoradas. La fatiga del metal, el ciclo implacable de calentamiento y enfriamiento de la vía, y una soldadura debilitada prepararon el escenario. El informe preliminar de la CIAF confirma muescas en las ruedas del lado derecho de varios coches del Iryo, compatibles con una fractura previa en el carril. Cuando el tren se enganchó con el riel fracturado, ocurrió lo inimaginable: el pantógrafo cayó, la electricidad se extinguió y el tiempo se congeló. En ese instante, ambos trenes quedaron atrapados en una burbuja de oscuridad. Para el puesto de control en Atocha, simplemente desaparecieron. Las pantallas mostraban un vacío engañoso. La frase que selló el destino fue: “No hay trenes en el sector”. Pero en la realidad física de la vía, el cataclismo ya había iniciado su cuenta regresiva.El instante de la fractura y el choque Mientras el Iryo permanecía inmóvil, con sus vagones 6, 7 y 8 invadiendo la vía contraria, el Alvia descendía por la pendiente como un proyectil. Sin electricidad, perdió sus frenos dinámicos y magnéticos. El maquinista, envuelto en una visibilidad nula y sin comunicación, se convirtió en el piloto de un cohete ciego. Cuando la silueta del Iryo apareció de golpe en la oscuridad, el instinto activó los frenos mecánicos, pero era inútil. Se produjo el choque tangencial: un golpe lateral oblicuo que generó una onda de choque tan violenta que expulsó el bogie del vagón 8 como un tapón de champagne, pero con el peso de un animal gigantesco. La vía actuó como una palanca, el tren como una botella ladeada, y el bogie como un proyectil que voló más de 275 metros hacia un arroyo en un barranco empinado. No fue un desprendimiento: fue una eyección. El Alvia, lejos de detenerse, siguió su trayectoria triturando los laterales de los vagones 7 y 8. La energía no desapareció: se transformó en deformación, torsión y desplazamiento.La indefensión en caída libre..Expulsado por la fuerza del impacto, el Alvia sin control tocó el balasto. Ocurrió un fenómeno que cualquiera ha vivido en su propia piel: el resbalón en el baño. No hay razonamiento, el suelo desaparece. No hay fricción, no hay agarre, no hay control y desde el aire, el cuerpo cae porque la gravedad reclama lo que es suyo. El Alvia vivió ese mismo instante. Las piedras, sometidas a una presión extrema, se comportaron como un fluido,como agua jabonosa. El tren se convirtió en un surfista sobre una ola de granito triturado. La pendiente lo empujó, el peralte de la curva —diseñado para guiar trenes sobre raíles— actuó como una rampa de lanzamiento hacia el exterior de la plataforma. Setecientos metros más abajo, la inercia encontró su límite. Por primera vez desde el inicio del desastre, el suelo actuó como un objeto fijo absoluto. La trompa del primer vagón cayó en una hondonada y chocó contra el talud. El segundo vagón se incrustó sobre el primero, comprimiendo como una prensa industrial. El acordeón de metal quedó sellado. El tercero y cuarto se detuvieron por un latigazo estructural que, paradójicamente, salvó vidas al disipar la energía restante.La verdad que emerge de la oscuridad Mientras tanto, en Atocha reinaba la “verdad negativa”: si la pantalla no muestra un problema, el cerebro asume que no lo hay. Durante más de una hora, el puesto de control operó bajo la ilusión de normalidad. No fue hasta que el maquinista de un tercer tren, detenido dos kilómetros atrás, recibió la orden de avanzar a pie por la vía que la magnitud del desastre se reveló. Primero encontró los restos del Alvia. Luego, más arriba, la figura inmóvil del Iryo. Su voz rompió la burbuja: “Hay un segundo tren involucrado”. Otra versión afirma que fue un pasajero quien, avanzando hacia las luces, dio el aviso. En ambos relatos, la realidad emergió desde la oscuridad, no desde el sistema. Lo ocurrido puede parecer imposible. Pero la explicación es tan simple como brutal. El tren avanzaba por la vía como un cuerpo que atraviesa un canal estrecho. Cuando el canal se rompe, la fuerza no se detiene: empuja hasta desgarrar. El riel, endurecido por el frío de la noche, estaba tan frágil como una copa fina. Cuando el tren como un martillo lo golpeó, no se dobló: estalló .Conclusión Para comprender lo que ocurrió en Adamuz no basta con observar los restos retorcidos de acero ni los informes técnicos que llegaron después. Hay que descender a la física íntima que gobierna el cuerpo humano y las máquinas cuando pierden el control. La tragedia del PK 318 no es un fenómeno aislado: es la misma mecánica que actúa cuando un bebé nace en un canal estrecho, cuando alguien resbala en la ducha, cuando un camión pierde los frenos en una pendiente o cuando dos copas finas chocan por el borde y estallan. La física es universal. La indefensión también. Este capítulo no busca justificar nada. Busca explicar lo que ocurre cuando la materia decide por nosotros. Porque en Adamuz, como en cualquier accidente extremo, el ser humano dejó de ser piloto y pasó a ser testigo. Pero las vibraciones previas como en tu coche el tren delanterro lesionado produce vibraciones, nos recuerdan: escucharlas a tiempo podría haber cambiado el guion. La física no perdona, pero la vida insiste... y la memoria colectiva también. ¿Sentiste vibraciones en ese tramo antes del accidente? Comparte tu testimonio en los comentarios o envíamelo a mullergonzalo@gmail.com. @mullerggonzalo Juntos podemos recopilar voces para que no se olvide. Disclaimer: Reconstrucción narrativa basada en datos preliminares públicos (informe CIAF enero 2026, testimonios en medios como RTVE, EL PAÍS, Excelsior ,El DEBATE y redes sociales), no sustituye la investigación oficial en curso. Fecha de publicación: 26 de enero de 2026. Autor: Gonzalo Müller Corredor Contacto: mullergonzalo@gmail.com | @mullerggonzalo LA TORMENTA PERFECTA EN LOS RIELES: Inversiones millonarias en alta velocidad, pero mantenimiento olvidado, vibraciones denunciadas durante meses y alertas ignoradas. La "tormenta perfecta" que los maquinistas llevaban advirtiendo... y que estalló en Adamuz. Contenido:La tormenta perfecta en los rieles no se formó de la noche a la mañana. Llevaba años gestándose: grandes presupuestos para construir y remodelar líneas de alta velocidad, mientras la red convencional —la que mueve a la mayoría de los viajeros— se quedaba con migajas en mantenimiento preventivo. Sindicatos como Semaf lo denuncian desde hace tiempo: "Se invierte mucho en nuevas infraestructuras, pero no en conservar las existentes. Los maquinistas se juegan la vida, y en muchos casos la están perdiendo". En los últimos 15 años, la prioridad ha sido la expansión: AVE, remodelaciones millonarias... pero las vías antiguas acumulan fatiga. Ciclos de calentamiento y enfriamiento, soldaduras debilitadas, baches, garrotes y descompensaciones en la catenaria. Y un síntoma claro: vibraciones anormales que pasajeros y maquinistas reportaban una y otra vez. "El tren rebota", "vibra como nunca", "parece que va a descarrilar". Avisos internos, quejas en redes, informes de operarios... pero a menudo la respuesta era "vale, gracias" y nada más. Semaf alertó en agosto 2025 de "degradación profunda y acelerada" en trenes y vías, pidiendo reducir velocidades en tramos críticos. No se hizo.El informe preliminar de la CIAF (Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios) sobre Adamuz apunta a una fractura previa en el carril —compatible con muescas en las ruedas del Iryo—, posiblemente por fatiga acumulada. No descarta defectos de fábrica ni soldaduras fallidas. Y ahora, tras la tragedia del 18 de enero 2026 (45 fallecidos, cientos de heridos), se detectan roturas críticas en otras vías (como Madrid-Barcelona). ¿Casualidad? No: inspecciones intensivas que antes no se hacían con la misma urgencia.Esta "tormenta perfecta" combina:Prioridad en nueva construcción sobre conservación. Alertas ignoradas (vibraciones como grito de la vía al límite). Sistema que asume "no pasa nada" hasta que pasa todo. Adamuz no fue un accidente aislado: fue el clímax. La física dictó sentencia cuando la vía se rompió, el pantógrafo cayó, los frenos dinámicos desaparecieron y la energía cinética se desató. Pero las vibraciones previas eran el aviso que nadie quiso oír.¿Y ahora? La memoria colectiva no debe olvidar. Si sentiste vibraciones en tramos de alta velocidad o convencional, comparte tu testimonio en comentarios o envíamelo a mullergonzalo@gmail.com. Juntos podemos recopilar voces para exigir cambios reales en seguridad ferroviaria. Disclaimer: Basado en datos públicos (informes CIAF preliminares, declaraciones de Semaf, medios como Infobae, EL PAÍS, RTVE). No sustituye la investigación oficial en curso. Fecha: 26 enero 2026.Autor: Gonzalo Müller Corredor @mullerggonzalo | mullergonzalo@gmail.com

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