LA TORMENTA EN LOS RIELES..EL DESCARRILAMIENTO.SUSURROS ESCONDIDOS..
Descarrilamiento: susurros escondidos
La vía no falló arriba. Falló abajo.
La mayoría de los informes empiezan en el punto donde el tren abandona la vía. Este no. Este empieza en un lugar que nadie mira: la cantera.
Porque un descarrilamiento no es un instante. Es una cadena. Una cadena de golpes, vibraciones, humedad, clima, fatiga y silencios. Una cadena que empieza en una roca que ya nace con microfisuras invisibles. Y termina en un carril que se rompe cuando ya no puede soportar más.
Antes de que exista una vía férrea, existe una roca. Granito, basalto, gneis. Rocas duras, densas, seleccionadas porque la ingeniería ferroviaria exige materiales capaces de soportar millones de ciclos de carga. Pero incluso esas rocas, las mejores, nacen con defectos internos: microfisuras, tensiones residuales, poros microscópicos. La geología no fabrica sólidos perfectos; fabrica materiales suficientemente resistentes… hasta que dejan de serlo.
La roca se extrae mediante voladuras controladas. La onda expansiva abre nuevas grietas internas. Luego llega la trituración: primaria, secundaria, terciaria. Cada impacto entre piedras rompe aristas, genera finos, debilita la estructura interna. El balasto se criba, se lava, se clasifica. Incluso el balasto nuevo llega a la vía con un historial de golpes que nadie menciona. Y ese historial será decisivo cuando empiece a recibir millones de cargas dinámicas.
Cuando las microfisuras crecen, el balasto pierde lo que lo hacía útil. Pierde aristas vivas. Pierde fricción interna. Pierde capacidad de drenaje. Pierde elasticidad. Pierde forma. La roca se redondea. Los finos aumentan. La humedad se queda atrapada. La estructura granular se colapsa. El balasto degradado ya no sostiene. Ya no amortigua. Ya no drena. Se convierte en una masa semirrígida que transmite impacto. La vía deja de comportarse como un sistema elástico. Se vuelve rígida. Y un sistema rígido no absorbe energía: la devuelve.
El peor escenario no es el balasto suelto. Es el balasto rígido. Ese estado intermedio en el que la piedra ya no es piedra, pero tampoco es barro. Es un bloque duro, irregular, saturado, contaminado, incapaz de absorber energía. La vía deja de “flotar” sobre un medio granular y empieza a apoyarse sobre un bloque inestable. Cada eje que pasa produce un golpe vertical. Un rebote. Una vibración amplificada. Una concentración de tensiones. La traviesa golpea. El carril vibra. La soldadura sufre.
Cuando el balasto deja de sostener, la traviesa pierde apoyo. Y cuando la traviesa pierde apoyo, la vía entra en un régimen de movimientos verticales, bombeo, hundimientos diferenciales, pérdida de nivelación, deformación progresiva. La carga deja de repartirse en abanico hacia la subrasante. Se concentra en puntos concretos del carril. La vía ya no trabaja como un sistema elástico. Trabaja como un sistema fracturado.
La traviesa está diseñada para transmitir carga, no para golpear. Pero cuando pierde apoyo, cada paso de un eje se convierte en un impacto vertical. Un impacto que se transmite directamente al carril. La dinámica tren‑vía lo explica con precisión: el balasto rígido no absorbe, la traviesa rebota, el carril flexiona, la soldadura se sobrecarga, la fatiga se acelera. Cada golpe es un ciclo de fatiga. Cada ciclo es una grieta que crece. Cada grieta acerca el sistema al fallo.
El impacto no es un fenómeno puntual. Es un síntoma. Un síntoma de que la vía dejó de trabajar como un sistema elástico y pasó a comportarse como un sistema rígido. Cuando la traviesa golpea porque el balasto ya no sostiene, el carril recibe una carga que no estaba en el diseño original. No es una carga distribuida, es un golpe concentrado. Un martillazo.
Un tren no pasa una vez. Pasa miles. Cada eje es un ciclo. Cada ciclo es un golpe. Cada golpe es una flexión. Cada flexión es una tensión. Y cada tensión es una microfisura que crece. La fatiga no es un evento. Es un proceso. Un proceso lento, acumulativo, silencioso. El carril no se rompe por un golpe. Se rompe por todos los golpes anteriores. Por todos los ciclos. Por todos los trenes. Por todos los días en los que la vía golpeó en lugar de sostener.
El acero es fuerte, pero no infinito. Tiene memoria. Recuerda cada impacto, cada vibración, cada flexión. Recuerda cuando el balasto dejó de sostener. Recuerda cuando la traviesa empezó a golpear. Recuerda cuando la vía se rigidizó. Recuerda cuando la humedad y el clima deformaron la base. Recuerda cuando la carga dejó de repartirse. La fatiga es un proceso interno. No se ve desde fuera. No aparece en una inspección visual. Solo se detecta con ultrasonidos, corrientes inducidas o análisis metalúrgicos. Y aun así, muchas veces pasa desapercibida.
La fractura no es la causa. Es el síntoma final. El último eslabón de una cadena que empezó años antes. La grieta interna crece hasta que la sección resistente ya no puede soportar la carga. El carril se abre. La soldadura se parte. El acero cede. La fractura tiene una firma.
Una huella. Un patrón. Los peritos lo saben: zona de iniciación, zona de propagación, zona de rotura final. La iniciación es pequeña, microscópica. La propagación es lenta, progresiva. La rotura final es súbita, violenta. Pero la causa está en la iniciación. En la microfisura que nació en el balasto. En el impacto que nació en la traviesa. En la vibración que nació en la pérdida de apoyo. En la degradación que nació en la cantera.
El descarrilamiento no empieza donde el tren abandona la vía. Empieza mucho antes.
Empieza en la cantera.
En la roca. En la microfisura original.
En la voladura. En la trituración.
En el lavado. En el transporte.
En la colocación. En el mantenimiento.
En la humedad. En el clima.
En la subrasante. En el balasto degradado.
En la traviesa que golpea. En el carril que vibra.
En la soldadura que se fatiga.
No es azar.No es misterio.No es un fallo súbito.
Es ingeniería.Es física.
Es acumulación.Es causa y efecto.
El descarrilamiento es el final.
La causa está abajo.Siempre abajo.
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Créditos y derechos reservados
Autor: Gonzalo Müller Corredor
Contacto: mullergonzalo@gmail.com
Redes: @gonzalomullercorredor | @mullerggonzalo
Licencia: Todos los derechos reservados.
Título de la obra: Descarrilamiento: susurros escondidos
Fecha de publicación: Enero 2026
Bibliografía técnica utilizada
Normativa española (Adif)
• ET 03.360.004.0 – Especificación Técnica de Balasto (1ª edición, mayo 2022)
• NAV 3-4-3.0 – Montaje de vía en balasto para obra nueva (Adif, julio 2015)
• Manual de mantenimiento de vía – Adif
• UNE‑EN 13450 – Áridos para balasto de vía férrea
Normativa internacional
• AREMA Manual for Railway Engineering – Chapters 1 (Ballast), 4 (Rail), 5 (Track)
• UIC 719R – Ballast and substructure degradation
• UIC 712 – Rail defects and fatigue
• UIC 713 – Track geometry and maintenance
• UIC 725 – Welding and aluminothermic joints
Estudios técnicos y científicos
• Dahlberg, T. – Railway Track Dynamics
• Zhai, W. – Vehicle–Track Coupled Dynamics
• FRA (Federal Railroad Administration) – Track Safety Standards, Rail Defect Catalog, Impact Load Amplification Studies
• Network Rail (UK) – Track Engineering Manual, Ballast Fouling and Drainage Reports
• Deutsche Bahn Richtlinie 836 – Requirements for Ballast and Track Structure
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