TORMENTA EN LOS RIELES..ADAMUZ,,UN REINICIO
CAPÍTULO — “El día que dijeron que todo estaba listo”
Hoy amanecimos con titulares que parecían escritos para tranquilizar a un país entero. La línea Madrid–Andalucía reabre. Adif ha terminado las reparaciones. El ministro Puente asegura que todo está listo. Listo. Esa palabra que se pronuncia fácil desde un despacho, pero que pesa toneladas cuando uno viaja sobre los raíles que ya fallaron una vez.
Puente habló con esa seguridad suya, casi desafiante. Dijo que la vía estaba revisada, reparada, certificada. Que mañana o pasado todo volvería a la normalidad. Normalidad. Otra palabra que suena hueca cuando la escuchas desde la distancia de quien no estuvo allí, en el barro, en el ruido, en el golpe.
Y entonces llegó el tren de hoy. El que debía demostrar que la confianza podía reconstruirse. El que debía pasar por Adamuz como quien pasa por un recuerdo ya superado. Pero no. No fue así.
A mitad del trayecto, el convoy empezó a frenar. Primero un susurro. Luego un murmullo. Después un silencio que se tragó todo. El tren se detuvo. Quieto. Exactamente en el mismo punto. El mismo. El del accidente. El que nadie quiere volver a ver ni en pintura.
Dentro, el aire cambió. No hizo falta que nadie hablara. Bastó con ese segundo en el que todos entendieron lo mismo. Ese segundo en el que el cuerpo recuerda antes que la mente. Ese segundo en el que la sangre se enfría sin pedir permiso.
Diez minutos. Doce. Qué más da. Los primeros segundos son los que te rompen. Porque no estás viendo un tren parado. Estás viendo un déjà vu que no pediste. Estás viendo la sombra de lo que pasó. Estás viendo la fragilidad de una promesa.
Afuera, la explicación llegó después, como siempre. Una pieza suelta en la catenaria. Una. Una sola. Y todo se detuvo. Otra vez. En el mismo sitio. En el mismo día en que dijeron que todo estaba listo.
Las noticias cambiaron de tono en cuestión de minutos. Ya no eran celebraciones. Ya no eran declaraciones triunfales. Ahora eran urgencias, retrasos, dudas. La reapertura convertida en un recordatorio incómodo: la vía puede estar reparada, pero la confianza no.
Y mientras el ministro hablaba de normalidad, allí, en ese tramo , la normalidad era un espejismo. Porque cuando el tren se para en Adamuz, no se detiene solo el tren. Se detiene la respiración. Se detiene la memoria. Se detiene la fe en que esta vez sí, esta vez de verdad, todo estaba arreglado.
Pero no.
Hoy quedó claro.
Nada estaba listo.
Nada había cambiado.
Todo seguía igual.
Gonzalo Müller Corredor
@MULLERGGONZALO ADAMUZVIBRACIONES.BLOGSPOT.COM MULLERGONZALO@GMAIL.COM
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