LA TORMENTA DEL TREN.ADAMUZ.
El evento de Adamuz —el descarrilamiento del tren Iryo el 18 de enero de 2026, con 45 fallecidos confirmados y las investigaciones apuntando a una fractura en la vía por una soldadura defectuosa o un carril roto antes del paso del tren— me movió las cimentes de mi conciencia colectiva. Me tocó en un lugar que no sabía que seguía abierto. Mi nombre es Gonzalo, y significa guerrero. Y así me siento: un guerrero herido por algo que jamás debió ocurrir. Me lastiman profundamente los fallecidos, personas que viajaban llenas de esperanzas, de proyectos, de prisas humanas: llegar antes a un abrazo, a un trabajo, a un médico, a una obligación o a un simple deseo cotidiano. Pero no debieron tener un final así. No por la indolencia de quienes debieron prevenir, mejorar o, como mínimo, garantizar que llegaran sanos y salvos a su destino, no a un destino fatal. Lo que más me golpea es la contradicción brutal que se repite una y otra vez: personas que suben al tren buscando llegar más rápido a una ...